Homenaje póstumo a nuestra profesora Marta Luz Gómez

La gramática de Marta Luz Gómez

El  verdadero significado de la palabra maestra

El diccionario de la Real Academia Española propone nueve acepciones para la palabra “huella”, pero podrían ser diez si el conjunto de significados posibles incluyera un nombre propio con algunos apelativos. Es así como Marta Luz Gómez Gallón, Martica, Marteja, Martola, Taluz, podría complementar el grupo de acepciones de huella, pues es justamente esta expresión un punto de convergencia entre quienes le recuerdan.

Ahora, si la tarea consistiera en buscar un significado para el sustantivo Marta Luz Gómez Gallón, saltan al tablero adjetivos como elegante, dulce, paciente, carismática, exigente, empática, alegre, risueña amorosa, impecable, feliz, maestra…

En algunas personas todavía hace eco en su memoria el taconeo de su calzado y el tintineto de sus pulseras. Y las fotografías mentales de quienes la conocieron dejan ver a una mujer de escasa estatura impecablemente vestida y perfectamente peinada.

Pero quienes pueden escarbar en sus recuerdos más remotos evocan a una niña cuya escasez de estatura y peso se compensaban con una abundancia de simpatía y libertad. Estas imágenes, que habitan la mente de algunos familiares, tienen como escenario el municipio de Fredonia, suroeste de Antioquia. Es allí donde comienza esta historia, más exactamente en el seno de una familia de padre maestro que supo heredar esa vocación en tres de sus cuatro hijos, entre ellos Marta Luz.

Los abuelos también forjaron a esta maestra, pues las jornadas sabatinas de las vacaciones familiares incluían un itinerario de lecciones de aritmética o catecismo a los niños de la vereda, muchas de las cuales eran impartidas por los nietos presentes. Dicen quienes estuvieron ahí que la pequeña Marta Luz era la preferida de aquellos aprendices.

Los azares de la vida llevaron a una parte de la familia Gómez Gallón a la ciudad de Medellín. Estando allí, y persiguiendo su vocación, Marta Luz continuó con su formación académica en la Escuela Normal Superior Antioqueña, donde se convirtió en maestra de profesión.

 

1970

Muchos acontecimientos llenaron la página de la historia de 1970. Fue el año en el que Nigeria puso fin a una guerra civil, Alemania realizó el primer trasplante de nervios humanos y los Beatles anunciaron su separación. Ese mismo año Misael Pastrana Borrero se posesionó como presidente de los colombianos y se celebró por primera vez el Día de la Tierra.

En 1970 también ocurrió un hecho  aparentemente intrascendente a nivel mundial, pero de gran trascendencia en la vida de cientos de jóvenes colombianos: una joven de 18 años, de nombre Marta Luz, ingresaría como docente de planta al Instituto Jorge Robledo, en la ciudad de Medellín.

“La queríamos mucho. Era muy tierna. Tenía una pedagogía muy juguetona y se ingeniaba dinámicas como por ejemplo poner una letra en el tablero, y entonces cada quien iba y ponía una palabra”, afirma David Guzmán, egresado en 1993. Él recuerda también,  como una curiosidad, que “eran dos hermanas profesoras. En primaria daba Marta Luz y en bachillerato Gloria Inés. Entonces lo ideal es que uno llegara al bachillerato con buena calificación de Marta, porque se creía que ella le contaba a Gloria Inés quiénes eran los necios y por eso muchos se trataban de ganar el amor de Marta”.

Si la profe Marta Luz entregaba o no información sobre el historial de pilatunas de los estudiantes que llegarían a las aulas de su hermana Gloria Inés, seguirá siendo un secreto de hermanas, lo que sí es un hecho es que Marta Luz sabía cómo manifestar ese amor profundo y transparente hacia sus estudiantes.

“Una de las cualidades que más me impresionaba de Martela, como yo le decía, era que tenía una habilidad increíble para hacernos creer a todos y cada uno que éramos sus preferidos. Yo siempre pensé que era su preferido, y resulta que una romería de gente también lo era. Pero eso era bonito. De pronto uno no se acuerda de la lección de Sociales o de Español, pero sí se acuerda de que somos lo que somos en la vida gracias a profesoras como Marta”, afirma Juan Pablo Isaza, egresado en 1987.

Quienes son maestros entenderán muy bien que este es un oficio de contrastes y complementos, y la profe Marta sí que sabía encontrar el equilibro perfecto entre el juego y el conocimiento, la libertad y la disciplina, la vanidad y el espíritu, la diversión y la seriedad, la dulzura y el temperamento, la ternura y la autoridad. “Miles de generaciones fuimos alumnos de Marta Luz, pero yo creo que todos nos acordamos de algo muy especial: regañona pero adorada, querida pero gritona; un grito de Marta Luz se escuchaba en la rectoría, pero era un encanto”. Así es como la recuerda Claudia Valencia, egresada en 1985.

 

Martica y “los demás”

Pero la vocación de Martica no se limitaba a impartir las lecciones propias de la básica primaria, pues entre muchas otras cosas siempre encontraba la manera de ayudar a los demás. Una vocación de servicio de amplio espectro, que abarcaba asuntos como encontrar un cupo para un estudiante, acompañar a un nuevo docente en su proceso de adaptación, liderar servicios sociales en el colegio o trabajar como voluntaria para una fundación de niños con realidades de infortunio.

  • ¿Cómo es tu nombre? Preguntó la profesora Marta Luz a un docente recién llegado.
  • Respondió el.
  • Qué nombre tan raro. Se atrevió a decir ella.

Así fue el primer encuentro entre los profesores Graciliano Acevedo y Marta Luz Gómez. Y así es como él recuerda los días siguientes: “Yo llegué muy sardino en 1975, y ella fue la primera persona que se me acercó y me explicó cómo se trabajaba en el colegio. Ella me dio la mano en el momento que era y me dio mucha confianza. Quedó en mi cabeza grabado que cuando alguien llega es importante darle la bienvenida. Me ayudó el primer día, la primera semana y el primes mes”. Y siguieron siendo amigos el resto de la vida.

Ese impulso de ayudar a los demás fue la inspiración para liderar el Comité Social del  colegio durante varios años, “cuya finalidad era recoger una cuota mensual  y con ese dinero ayudar a personas del colegio que tuvieran alguna dificultad”, afirma el profesor David Plata.

Ese mismo impulso tuvo alcances en la fundación Carla Cristina, donde prestó un servicio de voluntariado constante, y que también sirvió de pretexto para enseñar valores como ayudar y compartir, a los estudiantes del Instituto Jorge Robledo. “Hacíamos recolectas y llevábamos mercados a esa escuela. Era muy devota de eso”, recuerda una de las muchas estudiantes que compartieron expresaron sus recuerdos en un grupo de chat creado en mayo de 2020, única y exclusivamente para recordarla.

“Martica tenía ese toque de madre que al final del día solo quiere verte crecer y ser una mejor persona…”, “…porque si algo sabemos de Martica es que por más pequeña que pareciera nos dejaba boquiabiertos con esa personalidad tan arrolladora…”, “…y con su hermosa letra pegada…”, “…los aspectos de la vida los volvió amor, optimismo, alegría y entrega a los demás”, contaron también otros.

Es claro que “los demás” eran los protagonistas de la vida de Martica. Se preocupaba por hacer de sus estudiantes buenas personas, por garantizar el bienestar de sus sobrinos o por devolver la sonrisa a niños tristes. Pero también ocupaba su mente y buena parte del tiempo libre en un equipo de fútbol vestido de rojo.

Sí. La profesora Marta Luz Gómez era una hincha orgullosa y fiel del Deportivo Independiente Medellín, aunque sus estudiantes hinchas del Nacional pudieran mofarse de ello. “Le gustó el fútbol toda la vida. Hablábamos mucho de deporte y sobre todo de fútbol. Y cuando íbamos a alguna fiesta no se tomaba nada pero siempre era la más animada”, recuerda el profesor Graciliano.

La vida de la profesora Marta Luz inundó los pasillos del Instituto Jorge Robledo durante más de cuatro décadas, y su legado se mantiene vivo en cada una de las personas que le conocieron; es así como las personas nunca desaparecen, porque viajan en los corazones de quienes les recuerdan con amor. Ya lo decía alguno de esos estudiantes que se tomaron el tiempo de escribir unas palabras en su homenaje: “Cómo es posible que una persona pueda tocar tantos corazones…”.

Se podrían llenar infinidad de páginas con las aventuras de Marta Luz y el eco que su vida tuvo en los otros, tal y como se llenaron muchos tableros con sus dinámicas de las letras, en las que al llegar a una “M” exquisitamente delineada por ella siempre estuvieron implícitas las palabras Marta y Maestra.